I. E. Nacionalizada de El Paso

Reseña Histórica

En el seno de la idílica geografía entre los ríos Cesar y Ariguaní, surge la localidad de El Paso, cuyo trasfondo histórico revela el vínculo intrínseco entre los vaqueros, agricultores y tocadores de tambor que poblaron sus tierras. Desde sus raíces como un hato ganadero durante la Colonia, en la ruta Valledupar-Becerril-Tamalameque, El Paso ha llevado consigo la rica herencia afrocolombiana que define su identidad.

En 1542, el Adelantado Alonso Luis de Lugo marcó la ruta con su incursión hacia el Nuevo Reino, llevando consigo familias, indígenas cargueros y albañiles para repoblar un territorio ya habitado por comunidades dedicadas a la agricultura y al comercio. La denominación «Paso del Adelantado» arraiga desde entonces.

La fundación oficial de El Paso data de 1594, a manos del Capitán Bartolomé de Aníbal Paleólogo Becerra, marcando un hito histórico. Sin embargo, la resistencia indígena, particularmente la de los beligerantes indios chimilas, dejó su huella en la región. Las misiones capuchinas y estancias desafiaron el poder indígena, sentando las bases de la colonización blanca.

En 1726, durante la guerra entre España e Inglaterra, Juan Bautista de Mier defendió Santa Marta y fue recompensado con la designación como Terrateniente. Posteriormente, la Tesorería Real adquirió las vastas tierras de El Paso, bautizándolas como la Hacienda de Santa Bárbara de las Cabezas. Este cambio marcó el declive de la nación chimila y el surgimiento de 22 pueblos españoles, mestizos y mulatos.

El siglo XVIII vio el auge del régimen señorial en la Costa, con haciendas ganaderas intercambiando bienes con los puertos del Caribe. La explotación de minas de Chiriguaná amplió la demanda de mano de obra, introduciendo esclavos negros provenientes de Santa Marta, Riohacha y Venezuela.

La familia Mier, liderada por Juan Bautista y José de Mier y la Torre, se consolidó como terrateniente en El Paso. Después de la muerte de Juan Bautista, José Fernando de Mier y Guerra y Julián de Trespalacios Mier heredaron las tierras. La hacienda ganadera, impulsada por el comercio y la explotación minera, creó una nueva clase señorial.

El imperio de la tierra de los Guerra-Mier creció desde 1730 a 1767, consolidando el Mayorazgo con propiedades expropiadas, herencias y compras. Este escenario histórico marcó la tenencia de tierras en El Paso, distribuidas entre familias como Epalza-Hoyos y Trespalacios Mier, con la aceptación de la Corona Española.

El recorrido histórico de El Paso revela la riqueza de sus raíces afrocolombianas, fusionando la resistencia indígena con la herencia africana. Para comprender plenamente la identidad de la comunidad, es esencial explorar la cotidianidad, las tradiciones y el legado de aquellos que forjaron las bases de este territorio.

La cotidianidad en El Paso se teje con hilos de tradiciones ancestrales, donde la música, la danza y la culinaria se entrelazan para crear un mosaico cultural único. Las influencias de la población afrodescendiente se manifiestan en cada rincón, desde los ritmos de tambores que resuenan en celebraciones hasta la preparación de platos tradicionales que reflejan la diversidad gastronómica.

El relato histórico de resistencia de los afrodescendientes en El Paso se erige como un testimonio de fortaleza y perseverancia. Incorporar este relato en el PEC no solo honra la memoria de quienes lucharon, sino que también empodera a las generaciones actuales para construir una identidad fuerte y resiliente.

El PEC de la institución Nacionalizada de El Paso asume el compromiso de ser un puente entre la riqueza cultural afrocolombiana y la educación. Integrando de manera transversal la historia, las costumbres y las contribuciones de la población afrodescendiente, fortaleciendo el sentido de pertenencia y promoviendo el respeto por la diversidad.

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